Una clase del Ciclo inicial de Primaria saldrá al patio para recoger rayos de sol, colores y mucho más, inspirados por la lectura de Frederick (el cuento ilustrado de Leo Lionni -ed. Kalandraka-). Pero la cosa no está facil: habrá que ir con orejas de elefante, boca de hormiga, pies de gato…

 

¿Quién no conoce a Frederick?

 

Empecemos por el principio, es decir, por la ficha y la presentación del libro que ofrece la editorial, una excelente síntesis de los muchos elementos que podemos explorar a partir de esta pequeña joya, todo un clásico de la literatura ilustrada. Y a continuación, encontraréis una propuesta de trabajo que nos llega desde una escuela del municipio de Anglès, donde la maestra invita a los niños y niñas a ser Frederick.

 

Leo Lionni. Frederick. (Kalandraka. 32 p. il.)
Ediciones en: castellano, catalán, euskera, gallego, inglés… ¡Y más!

Presentación:

«¿Y tú, por qué no trabajas, Frederick?», le preguntaban los demás.
«Yo trabajo», les respondía Frederick.
«Recojo rayos de sol para los días fríos del invierno.»

Una familia de ratones recoge provisiones y todos trabajan, excepto Frederick, que aparentemente no hace nada. Pero sin que los demás lo sepan, él también se aprovisiona: rayos de sol, colores, palabras… Cuando llega el invierno, sus compañeros reconocen que su misión poética había sido esencial para que los ratones sobrellevasen mejor la crudeza de la estación invernal. Y así Frederick es aceptado tal y como es.

Leo Lionni es uno de los pioneros del álbum ilustrado moderno. Uno de los temas que aborda el relato es la individualidad, el descubrimiento y la aceptación de la propia identidad.

Frederick es poeta y demuestra que, a su manera, también hace una aportación al colectivo. El artista no se presenta como un ser automarginado, sino como alguien necesario para los demás. Frente a la importancia del trabajo, Frederick reivindica la necesidad de alimentarse de más cosas que paja y nueces. Frederick puede parecer egoísta, pero ese egoísmo es tan solo una muestra de fidelidad consigo mismo. Lejos de recriminarle su aparente pasividad, sus vecinos de madriguera le permiten meditar, respetan su introspección y sienten curiosidad por ese mundo misterioso que, finalmente, agradecen. El autor refleja la importancia de la libertad individual: los lectores se sienten amparados, pues saben que los ratones respetarán la individualidad de Frederick. Leo Lionni nos transmite que hay que ser lo que uno desea, y serlo sin temor, puesto que los demás lo podrán asumir y entender.

Fuente: entrada en editorial Kalandraka

Frederick en una clase del Ciclo Inicial de Primaria

Presentamos el cuento, en formato libro, para ser explicado por el maestro o la maestra y para que parte del grupo lo represente.

Es aconsejable ir narrando el cuento mientras los niños y niñas lo interpretan ya que de este modo favorecemos su atención y les ayudamos a interiorizarlo.

Pedimos un voluntario para que represente a Frederick. Suelen alzarse muchas manos, así que hay que encontrar una manera de hacer la elección. A mí, por ejemplo, me gusta hacerlo con un trabalenguas, como por ejemplo: «Un dragón tragón tragó carbón. Y el carbón que tragó el dragón tragón le hizo salir barrigón».

El resto de alumnos representarán al resto de ratoncitos. El profesor narra y pide a los actores que repitan las frases que les ha tocado, dejando un tiempo prudencial para hacer los gestos correspondientes.

A la hora de teatralizar el cuento, «la imaginación al poder». Todo dependerá del tiempo y espacio del que dispongamos. Podemos hacerlo muy sencillo o muy complicado.

Cuando se acabe el cuento, será el momento de «tirar del hilo» y de vivirlo «por propia experiencia». Invitaremos a los niños y niñas a una de esas actividades que necesitan poner bien a punto el oído, los ojos, la nariz, el corazón …

Primero, les daremos pie para que digan lo que piensan y sienten. Y al acabar, podemos plantearles una pregunta motivadora, como por ejemplo:

—Y nosotros, ¿podríamos ir a algún sitio para recoger algo?

Hasta la fecha, la experiencia me ha demostrado que las respuestas son inmediatas:

—Sí, sí…
—¿Qué haríais?
—¡Podríamor ir al patio a recoger rayos de sol!
—¡Y los colores de los árboles y flores!
—¡También podríamos recoger el canto de los pájaros!
—…

Evidentemente, la propuesta es aceptada como una gran idea.

—Pero, claro, para ir a recoger todo eso no se puede hacer de cualquier forma. Hay que hacerlo de una manera especial. ¿Cómo lo hacía Frederick?¿Cómo estaba mientras recogía los rayos de sol, los colores y las palabras?
—Muy, muy quieto, muy atento, muy relajado, …
—Exacto. ¡Muy bien! Naturalmente, tendríamos que hacerlo como él. Si no, a lo mejor no recogemos nada. Es más, incluso tendríamos que ir de una manera especial al patio, para llegar bien preparados. Sin embargo, lo que ocurre es que es un poco dificil. No se si lo conseguiremos… quizá sea mejor que no vayamos … (con una sonrisa y una mirada traviesa).
—¡Sí, sí! ¡Vamos!
—¡Uy! No sé, no sé… Mirad, deberíamos ir con pies de gato —se les pregunta qué quiere decir. Ya lo saben de otras veces. Se puede escenificar pidiendo a algún alumno que lo intente y que el resto escuche a ver si lo hace bien. En sí mismo ya constituye un ejercicio de atención—. ¿Seguro que lo sabréis hacer?
—¡Seguro, seguro! Sí!
—¡Pues vamos! Pero todavía falta más. Necesitamos… ¡boca de hormiga! (sin hacer ruido con la boca), y… orejas de elefante (atentos a todo lo que escuchamos), olfato de perro (atención a los olores), la piel de… ¿Seguís dispuestos? ¡Es dificil! (sonrisa, carcajada, mirada)
—¡Sí, sí, sí!
—Bueno, todavía hay otra cosita a tener en cuenta.
—¿Qué más?
—Tendríamos que ir en fila, siguiendo los recuadros de las baldosas y dejando un poco de distancia —les dije que tenía que ser el espacio de dos baldosas—. Y ya está. A ver, repasemos…

Con la participación de los alumnos hacemos la lista en la pizarra de todo lo que nos hemos propuesto: pies de gato, orejas de elefante, boca de hormiga, naríz de perro, toda la piel, hilera con espacios.

Les comento que, una vez en el patio, estaremos unos dos minutos aproximadamente, en silencio, quietos, como hacía Frederick, atrapándolo todo, todo, todo lo que podamos. Y al acabar, nos pondremos en corro, hablaremos de lo hemos podido atrapar, y después volveremos a la clase.

Empezamos pues. Nos ponemos de pie sin hacer ruido (esto ya lo habíamos trabajado durante el curso), nos colocamos en fila, uno tras otro y vamos hacia un espacio del patio donde toca el sol, se ven las flores, árboles, parte del pueblo y las montañas. Les señalo el lugar donde colocarse a través de signos.

¡Os puedo decir que es una maravilla escuchar la cantidad de cosas que pueden llegar a «recoger»!

***

Si nos queda tiempo, o como actividad para otro día, podemos dar forma a todo lo que han podido «recoger» y llenar la clase de dibujos y otros trabajos manuales.

puedes descargarte la propuesta en pdf

 

En Youtube tenéis la visualización y lectura del cuento, uno en inglés como mínimo: Frederick

 

 

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